En los últimos años, todos nos hemos puesto en guardia frente a tóxicos ambientales, pesticidas, metales pesados y aditivos sospechosos de productos alimenticios y cosméticos, pero parece que nos hemos olvidado de detectar y neutralizar otro tipo de toxicidad que nos hace tanto o más daño: el de las personas que de forma sistemática atacan nuestro bienestar emocional, ya sea en el trabajo, en casa, o en nuestra vida social. Pero este perjuicio no solo se queda a nivel psicológico, nuestro organismo, nuestra salud, se resiente -y mucho- de estos comportamientos nocivos.
Como nos explica Sara Navarrete, psicóloga experta en autoestima, terapia de pareja y dependencia emocional: “Cada vez sabemos más sobre cómo las relaciones afectan directamente al organismo. El cerebro no distingue demasiado entre una amenaza física y una amenaza emocional mantenida en el tiempo. Cuando convivimos con personas que nos critican constantemente, nos manipulan, nos invalidan o nos hacen sentir en estado de alerta permanente, nuestro cuerpo activa mecanismos biológicos de estrés de forma repetida. Esto implica un aumento sostenido de hormonas como el cortisol y la adrenalina, alteraciones en el sueño, mayor inflamación, peor regulación emocional e incluso un impacto negativo sobre el sistema inmunológico”.
El daño que provocan las personas tóxicas en tu bienestar
Ya hay muchos estudios en los que se concluye que la calidad de nuestras relaciones personales es uno de los factores que más influye en el estado de salud y en la longevidad, incluso por encima de variables como el nivel económico o determinados hábitos de vida.
“La primera gran área que suele resentirse es el sistema nervioso. Muchas personas viven en un estado de hipervigilancia constante, como si estuvieran esperando el próximo conflicto, la próxima crítica o decepción. Algo agotador. El cerebro permanece en modo alerta y eso termina traduciéndose en ansiedad, irritabilidad, dificultad para concentrarse o sensación de agotamiento mental”.
La segunda gran víctima, como nos explica Sara Navarrete, es el sueño. “Muchas personas no relacionan sus problemas de descanso con el efecto que les causan determinadas relaciones. Se duermen pensando en conversaciones pendientes, anticipando reacciones o dándole vueltas a situaciones que les preocupan. Y cuando el sueño se altera, todo lo demás empieza a resentirse”.
La tercera gran perjudicada de un entorno dañino es la salud física en sentido literal: “Dolores musculares, tensión cervical, migrañas, molestias digestivas, cansancio persistente o sensación de falta de energía son síntomas frecuentes en personas que llevan mucho tiempo expuestas a relaciones emocionalmente desgastantes”.
Cómo identificar a una persona tóxica
Ese momento en el que te das cuenta de lo nociva que es una persona para ti, no suele llegar de golpe, es algo que sucede poco a poco. Pero, sí hay señales de alarma que te avisan de que esa relación te está dañando e identificarlo es clave para bloquearla y que no te afecte.
La persona con dinámicas tóxicas utiliza la manipulación, el chantaje emocional o la victimización para lograr lo que quiere. «Te hace sentir insuficiente, culpable o en deuda. No respeta tus límites y se molesta cuando intentas ponerlos. Emplea la crítica hacia otras personas habitualmente y genera tensión o malestar en los grupos. Compite en lugar de alegrarse sinceramente por tus logros. Sus palabras y sus actos suelen ser incoherentes, y tienes que medir constantemente lo que dices, o haces, para evitar conflictos con él/ella”.
Cómo protegerte de las dinámicas tóxicas
Afortunadamente, los daños son reparables, tanto en tu autoestima, como en tu bienestar global, si pones remedio cuanto antes. Según la psicóloga: “Aprender a poner límites claros y mantenerlos, aunque al principio genere incomodidad, es esencial”. Otros tips que te ayudan a que los ataques tóxicos no te hagan daño son:
“Reducir el tiempo de exposición cuando sea posible, especialmente si cada encuentro supone un elevado coste emocional. No tratar de cambiar a la otra persona. Podemos influir, pero no controlar cómo actúa o piensa alguien. Evitar entrar en discusiones interminables para demostrar quién tiene razón. No personalizar todo lo que dice o hace la otra persona. Muchas veces sus comportamientos hablan más de ella que de nosotros».
Para contrarrestar es importante que te rodees de personas que te aporten apoyo, calma y relaciones equilibradas. Sara Navarrete nos recomienda: «Cuidar especialmente el descanso, la actividad física y los hábitos saludables cuando atravesamos entornos estresantes.
No olvides lo que te gusta o necesitas, lo que te hace feliz y lo que va con tu naturaleza. No dejes que nadie te convenza de que tus prioridades no importan, que te equivocas más que los demás, que tu opinión es menos valiosa y que te quejas ‘de vicio’. Regálate una autoestima fuerte y todo el respeto del mundo hacia ti misma/o, ya que desde ahí es complicado que alguien te confunda con su conducta tóxica. (Hola.com).











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