Imagina que acabas de recibir un ascenso en tu trabajo. Al principio te sientes orgulloso, pero al poco tiempo dejas de disfrutar del reconocimiento y tu mente ya piensa en la siguiente meta. Un ejemplo que puede extrapolarse a cualquier otra situación: nunca sentir que mereces el amor de tu pareja, que tus conversaciones son interesantes, o que tu receta puede mejorar mucho más. Sentirse así es común, y tiene explicación psicológica.
Según la doctora en Psicología y portavoz clínica en Clearly, (www.clearly.help/es) Silvina Pérez Zambón, este fenómeno es más habitual de lo que podría parecer a muchas personas: «Sienten que, por más que logren cosas importantes, la satisfacción dura poco y aparece rápidamente la idea de que ‘todavía no alcanza’”.
Por qué no te sientes suficiente
La psicóloga explica que esto tiene una base psicológica: «Nos acostumbramos muy rápido a lo bueno. Esto es un proceso conocido como adaptación hedónica, es decir, lo que ayer nos hacía felices hoy se vuelve normal».
En la era digital, compararte constantemente con otra potencia esta sensación. En un momento en el que nos encontramos rodeados de estímulos, es completamente normal caer en este patrón: «La comparación constante con los demás, especialmente en una época dominada por redes sociales, potencia esta idea de que siempre parece haber alguien más exitoso, más productivo o más feliz», señala la doctora.
Si además eres muy autoexigente o perfeccionista, ningún logro se sentirá suficiente. Como señala Silvina Pérez Zambón: «Si a este caldo le sumamos estas características, ningún logro será vivido como suficiente, porque el estándar se estará moviendo todo el tiempo».
Consecuencias emocionales de no sentirse suficiente
Esta sensación puede manifestarse silenciosamente, pero con impacto profundo. Y, es que, además, sucede que, muchas veces por vergüenza nos callamos esta sensación, y lo convertimos en un sufrimiento silencioso del que nadie más es consciente.
Esta ocultación, unida a la insatisfacción constante, puede generar estrés, ansiedad y cansancio mental. Como explica Silvina Pérez, «la insatisfacción permanente genera estrés, ansiedad y una sensación de cansancio mental, incluso en personas que ‘por fuera’ parecen estar bien, tener mucho empuje, motivación y rendimiento».
De hecho, tanto es así que si tu foco siempre está en lo que falta o en lo que viene, cuesta disfrutar el presente y reconocer tus logros, por lo que creas una imagen de ti siempre en negativo.
Agotamiento y ‘burnout’
Pero las consecuencias van incluso más allá que de esa imagen que proyectas de ti mismo, pues mantener esta dinámica sostenida en el tiempo puede desgastarte: «esta forma de afrontar la vida puede producir agotamiento emocional y burnout, ya que no hay un verdadero punto de llegada ni permiso para descansar», comenta la doctora.
Además, llegados a este punto emerge otro sentimiento que provoca incluso un malestar mayor: «La motivación se vuelve más tensa que disfrutable, y aparecen sentimientos de culpa por no hacer lo suficiente o no ser lo suficientemente buenos».
Estrategias para valorarte más
Como muchos de los dilemas mentales y emocionales a los que nos enfrentamos en nuestro día a día, fortalecer la autoestima es uno de los requisitos más necesarios para salir de este bucle mental que nos lleva a sentir que no somos suficientes. Según Silvina Pérez Zambón, hay varias estrategias a seguir para llevar a cabo este proceso:
Cambiar cómo te vinculas con tus experiencias: «Distintas perspectivas psicológicas señalan que salir de la sensación de ‘nunca es suficiente’ no implica bajar la ambición ni dejar de crecer, sino cambiar la forma en que nos vinculamos con lo que vivimos».
Entrenar la atención al presente. «A través de prácticas como el mindfulness o simplemente pausas conscientes durante el día, que nos ayuden a registrar lo que ya está ocurriendo en lugar de vivir siempre en el ‘después’».
Tratar de disfrutar lo que ya tienes. «Cortar el piloto automático, reducir el estrés y recuperar la capacidad de disfrutar, algo que suele quedar relegado cuando la mente está enfocada únicamente en la próxima meta”.
Evaluar con qué criterios te juzgas: «La investigación muestra que cultivar metas más internas —como el aprendizaje, el sentido, el disfrute o los valores personales— genera mayor bienestar que perseguir solo resultados externos».
Celebrar incluso los logros pequeños y practicar la autocompasión frente al error.
Aceptar momentos de meseta y dificultades: «Se trata de tolerar cierto grado de angustia sin huir, confiando en que, dentro del proceso de crecimiento, hay aprendizajes que llevan más tiempo, objetivos más difíciles de alcanzar y momentos de meseta o impasse también, donde parece que nada sucede, pero permiten que se asiente lo alcanzado».
Algo fundamental, que además destaca como conclusión, es hacer un ejercicio de consciencia absoluta y ponerse en valor. ¿A qué se refiere? A la necesidad de detenerte un momento para valorar lo alcanzado, comportamiento que puede ayudarte a proyectar metas más grandes a largo plazo. (Hola.com).












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