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Hay enfermedades que cambian mucho más que nuestra salud. El cáncer de mama es una de ellas. A la incertidumbre del diagnóstico, el miedo y el desgaste físico y emocional de la propia patología y los tratamientos, se suman cambios en el cuerpo que no siempre resultan fáciles de aceptar. La caída del cabello, la pérdida de las cejas, las cicatrices de una operación o las alteraciones de la piel pueden hacer que una mujer deje de reconocerse frente al espejo.
Y aunque lo verdaderamente importante es recuperar la salud, querer sentirse guapa, arreglarse o cuidar la propia imagen no es ninguna frivolidad. Para muchas mujeres es una forma de recuperar una pequeña parcela de normalidad en un momento en el que sienten vulnerables y que han perdido el control.
La doctora Cristina García Millán, dermatóloga especializada en piel sensible y directora de ESTHEA MEDICA, en Madrid. Con 20 años de experiencia, ha acompañado a numerosas pacientes que, además de superar la enfermedad, desean recuperar la confianza en su aspecto físico. «El objetivo no es borrar las huellas de la enfermedad, sino ofrecer herramientas para que vuelvan a sentirse cómodas con su cuerpo y con su nueva imagen, respetando siempre sus deseos y sus tiempos», nos adelanta la especialista.
La importancia de cuidar la estética en cáncer de mama
Recibir un diagnóstico de cáncer de mama supone enfrentarse a una realidad para la que nadie está preparado. Y, en ocasiones, los cambios físicos que provocan los tratamientos se convierten en un recordatorio constante de la enfermedad.
«Esto lo vemos mucho en consulta: la pérdida de cabello, los cambios en la piel, las cicatrices que deja la cirugía o las modificaciones de su silueta corporal por el tratamiento hormonal afectan mucho a la autoestima y a la percepción de su propia feminidad», señala la dermatóloga.
No todas las mujeres viven estas transformaciones de la misma manera. Algunas encuentran seguridad utilizando una peluca, maquillándose o recuperando sus cejas. Otras prefieren prescindir de todo ello. Ambas decisiones son igualmente válidas.
Lo importante, insiste la especialista, es que cada paciente pueda elegir cómo quiere verse y sentirse, sin la presión de tener que recuperar cuanto antes su aspecto anterior.
¿Cómo cuidar la piel durante la quimioterapia?
La quimioterapia puede provocar sequedad intensa, irritación, sensibilidad y determinadas erupciones cutáneas. En esta etapa, la prioridad no es corregir imperfecciones ni recurrir a tratamientos rejuvenecedores, sino proteger una piel que puede estar especialmente vulnerable.
«Durante la quimioterapia nuestra prioridad absoluta es proteger la función barrera de la piel», explica García Millán.
Para ello, recomienda cuidados dermatológicos adaptados a cada paciente, con cremas emolientes y reparadoras que ayuden a mantener la hidratación y aliviar la irritación. Si aparecen lesiones acneiformes o foliculitis, puede ser necesario recurrir a tratamientos médicos específicos.
También conviene simplificar la rutina cosmética, utilizar limpiadores suaves, evitar productos irritantes y extremar la protección solar, especialmente cuando los medicamentos aumentan la fotosensibilidad.
La radioterapia requiere precauciones adicionales. La piel de la zona irradiada puede enrojecerse, inflamarse o volverse más sensible, por lo que es fundamental seguir las recomendaciones del servicio de oncología radioterápica y no aplicar productos ni realizar procedimientos sobre esa zona sin consultar previamente.
¿Qué se puede hacer para recuperar el cabello después de la quimioterapia?
La caída del cabello es uno de los efectos secundarios más visibles de determinados tratamientos contra el cáncer de mama y también uno de los que más preocupan a las pacientes.
Aunque habitualmente el pelo vuelve a crecer después de finalizar la quimioterapia, su recuperación puede ser lenta y, en ocasiones, presentar cambios de textura, densidad o color.
La dermatóloga recuerda que existen sistemas de enfriamiento del cuero cabelludo que pueden reducir el riesgo de alopecia durante determinados regímenes de quimioterapia. No obstante, su eficacia depende de los medicamentos utilizados y no todas las pacientes pueden beneficiarse de esta técnica.
¿Y si el cabello no recupera su densidad habitual? «Si una vez terminada la quimio la recuperación capilar es insuficiente, se pueden valorar tratamientos como el minoxidil», explica. Eso sí, siempre bajo supervisión médica, después de revisar los antecedentes clínicos y la medicación de la paciente.
Mientras tanto, utilizar pañuelos, pelucas o complementos puede ayudar a sentirse más cómoda. También es perfectamente legítimo decidir no cubrirse la cabeza. No existe una única manera de afrontar la pérdida del cabello. (Hola.com).
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