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A muchas de nosotras nos pasa: nos miramos al espejo y nos hablamos mal; comentamos algo de nosotras mismas y lo que decimos no es, precisamente, positivo; tenemos que hacer una valoración de nuestras capacidades y tendemos a ser muy críticas y duras. ¿Por qué tenemos un discurso tan negativo de nuestra personalidad o aptitudes? ¿Por qué hay personas que se tratan tan mal? Para averiguarlo, hemos entrevistado a la psicóloga María Beatriz Pereira Reis, psicóloga y directora de Proyectos Formativos de ISEP-metrodora. Esta experta en Psicología nos explica qué ocurre en nuestro interior para que nos convirtamos en los peores críticos y qué debemos hacer para ser más compasivas.
¿Por qué tendemos a hablarnos peor a nosotras mismas que a otras personas, incluso cuando somos conscientes del daño que ese diálogo interno provoca?
La autocrítica es la capacidad de evaluarnos, examinando y juzgando nuestras acciones, decisiones, pensamientos y comportamientos. Puede ser constructiva, cuando nos ayuda a aprender y mejorar, o destructiva, cuando genera culpa, ansiedad y una disminución de la autoestima. En psicología observamos que solemos ser mucho más críticas con nosotras mismas que con los demás. Esto ocurre porque desde la infancia internalizamos estándares sociales, culturales y personales transmitidos por cuidadores, familiares, docentes y la propia sociedad, incluso antes de poder analizarlos de forma racional.
Lo paradójico es que, aun siendo conscientes del daño que nos hace esta dureza interna, el patrón se activa de forma automática. Frenarlo requiere práctica consciente de autocompasión y autorreflexión: reconocer cuándo la voz interna se vuelve desmedidamente crítica, cuestionar su veracidad y sustituir juicios rígidos por mensajes más equilibrados.
¿Es la autocrítica dura más frecuente en mujeres que en hombres y, de ser así, qué factores culturales y sociales lo explican?
Según investigaciones de las dos últimas décadas, la autocrítica suele ser más frecuente y severa en mujeres, en gran parte por una socialización que enfatiza la perfección, la responsabilidad y la atención constante a los demás. Desde la infancia, muchas niñas reciben mensajes condicionados por la aprobación externa y la comparación social, lo que incrementa la tendencia a juzgarse con dureza. Los estándares de belleza, el rendimiento profesional y el desempeño familiar generan un contexto en el que la voz interna femenina se vuelve especialmente exigente.
¿Qué papel juega la educación recibida en la infancia en la forma en que una mujer se valora y se habla por dentro en la edad adulta?
La manera en que una mujer se valora en la adultez está muy influida por la educación recibida durante la infancia, así como por el estilo de crianza y las diferencias individuales. La teoría del apego muestra que la calidad del feedback, la sensibilidad emocional y el reconocimiento por parte de los cuidadores moldean la autoestima y la capacidad de autocompasión. Las niñas expuestas a críticas constantes o elogios condicionales tienden a vincular su valor personal a la aprobación externa.
¿Cómo influyen las relaciones de pareja pasadas, especialmente las marcadas por la crítica o el control, en la voz interna femenina?
Las relaciones de pareja pueden influir de forma profunda en la autoevaluación. Cuando han estado marcadas por la crítica constante, el control o la falta de reconocimiento, es frecuente que esas dinámicas se internalicen y la voz interna reproduzca patrones de desaprobación aprendidos. Incluso mujeres con buena autoestima pueden verse afectadas, aunque suelen poner límites con mayor rapidez. El impacto depende en gran medida de la claridad que tenga la mujer sobre su propio valor y del apoyo recibido dentro y fuera de la relación. Para algunas, estas experiencias generan culpa e inseguridad; para otras, se convierten en una oportunidad de crecimiento personal y fortalecimiento de la autoestima.
¿Hasta qué punto el entorno actual y la comparación social refuerzan un diálogo interno poco compasivo?
El contexto social actual amplifica la autocrítica, especialmente en mujeres que han interiorizado la exigencia de ser “supermujeres”, capaces de rendir en todos los ámbitos. Vivimos en una cultura del rendimiento, donde el valor personal se mide por la productividad y el éxito visible, lo que favorece la comparación constante con estándares inalcanzables.
¿Cuándo el diálogo interno negativo deja de ser puntual y conviene pedir ayuda profesional?
Se convierte en una señal de alerta cuando interfiere de forma sostenida en la vida diaria y genera ansiedad, depresión, aislamiento o una baja autoestima persistente. Las rumiaciones constantes, los pensamientos catastróficos o las creencias rígidas de inutilidad son indicadores claros. En estos casos, buscar apoyo psicológico resulta clave. (Hola.com).
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