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El niño interior es un concepto psicológico que representa la parte emocional que conserva experiencias, recuerdos y sensaciones vividas durante la infancia. Se trata de una construcción que ayuda a comprender cómo los primeros vínculos y aprendizajes influyen en la personalidad adulta.
La menopausia sin kilos de más es posible con este trío imbatible contra uno de los síntomas más temidos.
Desde la neurociencia, se sabe que durante los primeros años de vida el cerebro es especialmente moldeable. Entre el nacimiento y los ocho años se desarrollan las conexiones neuronales que regulan la autoestima, la respuesta al estrés, la gestión emocional y la capacidad de vincularse. Todo lo que ocurre en esa etapa deja una huella. Como nos explica la psicóloga y doctora en neurociencia Ana Asensio, colaboradora de Petit BamBou, la personalidad se organiza en distintas partes: el niño, que es emocional y auténtico; el adulto, centrado en hacer y producir; y el cuidador interno, que protege.
El problema surge cuando la vida adulta se construye ignorando al niño interior, dejando sin atender necesidades emocionales básicas que siguen activas. En este día de Reyes, en el que nuestras miradas se centran en los niños, aprovechamos para repasar todos los beneficios de abrazar a tu niño interior.
Por qué la infancia sigue influyendo en tu vida adulta
Muchas de las dificultades emocionales que aparecen en la edad adulta no nacen en el presente, sino que son adaptaciones aprendidas en la infancia. El cerebro infantil hace lo necesario para sobrevivir emocionalmente al entorno que le toca vivir. Sin embargo, lo que entonces fue una estrategia útil puede convertirse más adelante en una fuente de malestar.
La autoestima es uno de los ámbitos donde más claramente se reflejan estas huellas. Si el afecto estuvo condicionado al comportamiento, al rendimiento o a no cometer errores, es habitual que de adulta cueste quererse sin exigencias.
También las relaciones de pareja y los vínculos afectivos se ven influidos por estas memorias emocionales. El niño aprende pronto qué tiene que hacer para recibir atención. Si provocar conflicto o llamar la atención fue una forma de sentirse visto, ese patrón puede repetirse en la vida adulta, incluso cuando genera sufrimiento.
El impacto del niño interior en la gestión emocional
La forma en la que hoy gestionas el enfado, la tristeza o la frustración está muy relacionada con lo que aprendiste de pequeña. Si nadie enseñó a regular las emociones, el sistema nervioso buscó salidas alternativas: comer para calmarse, aislarse, desconectarse o evitar el conflicto.
Reconectar con el niño interior permite revisar estas reacciones desde la comprensión, no desde la culpa. El objetivo no es juzgar lo vivido, sino integrar esas experiencias para responder de forma más consciente en el presente.
El niño interior vive en el aquí y ahora ayuda a disminuir la ansiedad y aumentar la vitalidad. No anticipa, no se juzga, no se compara. Recuperar parte de esa forma de estar en el mundo ayuda a disminuir la ansiedad y aumentar la vitalidad.
Por qué conectar con tu niño interior mejora tu bienestar
Desde el punto de vista neurobiológico, cuando una persona se siente segura emocionalmente, el cerebro reduce la activación del estrés y favorece estados de calma y presencia. El niño interior vive en el aquí y ahora. No anticipa, no se juzga, no se compara. Recuperar parte de esa forma de estar en el mundo ayuda a disminuir la ansiedad y aumentar la vitalidad.
Además, este tipo de conexión emocional activa la liberación de oxitocina, la hormona asociada al vínculo, el bienestar y la sensación de ser querido. También se produce una respuesta positiva en el sistema inmune, con un aumento de la actividad de las células NK, relacionadas con una mayor protección frente a enfermedades. Cuidar la salud emocional tiene, por tanto, un impacto directo en la salud física.
Cómo abrazar a tu niño interior en el día a día
Desde la psicología y la neurociencia, y con la ayuda de los expertos de Petit Bambou, analizamos algunos de los gestos más sencillos que nos pueden ayudar a conectar con ese niño interior:
Permítete jugar sin un objetivo concreto. Recupera juegos de tu infancia, desde un juego de mesa hasta dibujar o hacer puzles. El juego activa circuitos cerebrales asociados al placer, la creatividad y la motivación, sin la presión del resultado.
Practica la meditación con visualizaciones. Imaginarte en un espacio seguro donde te encuentras con tu niño interior ayuda a acceder a memorias emocionales desde la calma. No se trata de analizar, sino de sentir y acompañar.
Háblate con más amabilidad. Observa tu diálogo interno. Si detectas exigencia, crítica o dureza, pregúntate qué necesitaría escuchar un niño en esa situación. Cambiar el tono interno modifica la respuesta del sistema nervioso.
Escribe para cuidarte. Llevar un diario de autoamor o de emociones permite ordenar lo que sientes y reforzar una relación más compasiva contigo. Escribir activas áreas del cerebro relacionadas con la regulación emocional. (Hola.com).
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